…La noche más larga se fue adentrando en mí con la precisión de un bisturí de cirujano, e irremediablemente, el latigazo de la memoria ahuyentó al fin todo el pesar, para transformarse en escenario de palabras. No esperaba la redención con ellas, ni tampoco un marasmo de certezas añadidas a lo que ya sabía. Tan sólo dejaría que se hiciesen dueñas de cada momento, entregado a la necesaria ocurrencia de que habría de amanecer…

miércoles, 30 de mayo de 2012

Infinitivo


Ahora sólo queda dispersar las cenizas que envuelven
las fotografías, no invocar ciertas músicas,
dormir de espaldas a tu cuerpo.
Suicidar los instintos afilados, escribir adiós sin ira,
murmurar una excusa a los espejos que cuestionan 
tu ausencia y mis maneras.
Arreglar las grietas, vestir de gris el verano,
acostumbrar la mirada al porvenir,
divagar sobre las manchas de la luna.
Y brindar con la copa de los que te amaron,
para saciar la sed de animal herido
que me ahoga en esta madrugada.

miércoles, 4 de abril de 2012

Atardecía desde la música del viento

Atardecía desde la música del viento,
sonido añejo de arpas y gaitas.
Acomodado en el imán de tu cuerpo,
dispersando mis dedos lentos como soldados
por los pliegues del deseo,
furtivos y enamorados,
siempre a expensas de la palabra definitiva,
la luz se fue apagando, dando paso
al bosquejo de la piel en el beso
y el sexo a la deriva.
Escaramuzas de amor y de despedidas lánguidas
en el tiempo menos presentido de tu ausencia.

domingo, 11 de marzo de 2012

Deseo

Regálame esta noche, ha sido una jornada dura,
las calles están llenas de tristeza y mis manos
son de hielo, caminé entre sombras y vuelvo
con el deseo primitivo de otro tiempo
y la memoria entreabierta a tu balcón,
donde solías decirme adiós algunos mediodías
de un invierno en llamas.
No hablaremos, el lenguaje de los amantes
termina en el umbral de los besos,
no me preguntes causas ni razones.
Afuera se paró el mundo y nunca me fui,
esa es la verdad.
Abre la puerta, mis argumentos no caben
en un buzón, déjame enfrentar este silencio
al fulgor de tus ojos, mientras jugueteo con
el vientre redondo y tu gemido es la luz.
Cuando amanezca y el calor se extinga,
jamás habré existido y sólo habitaré
los indecisos sueños.

jueves, 8 de marzo de 2012

Sencilla belleza

Te recuerdo así, 
de sencilla belleza, latiendo
en el amanecer de mis sentidos,
y tu piel en el centro de todo.
A veces, en cambio,
eres sombra y te alejas,
como besos perdidos en el aire
o un silencio entre dos.
Acaso todo eso seas tú,
la incierta imagen de un sueño
donde un malecón, el mar,
mi abrazo y tus dudas
hicieron, por un instante,
que fuera posible.

viernes, 17 de febrero de 2012

Ahora

Ahora que el tiempo se extingue en los meandros 
de tu ausencia, implacable y tenaz,
y mi tacto es de mármol romo, desgastado
como el óxido inerte de una brújula
en el hemisferio equivocado.
Ahora que desmenuzo el rastro de tu olor
en vigilias de ébano y duermevela,
y los sudores de la escaramuza ya no son un tributo
a tu sexo, sino residuos de un pasado de temblor
bajo el peso de los cuerpos.
Ahora, en fin, que la tarde se eterniza en falsas ofrendas,
proclamando el advenimiento de una primavera nueva
en la piel que ya es del viento…
Es el momento de definir los límites en que habitas,
realidad o sueño, y trazar un plan definitivo
que ponga cerco a los silencios.
Ahora,
ahora o nunca.

lunes, 13 de febrero de 2012

Espantapájaros

La extraña mueca del espantapájaros
es su prisión,
crucificado en el abrazo del silencio
es condenado a la soledad.
Por eso tiene la cabeza llena de pájaros,
y sueña con plagas de langostas
que lo liberen de tanta ruina,
cubriendo de fuego la tierra
que sólo satisface al amo.
Entonces y sólo entonces,
cuando no haya rastro
de esbirros contra hombres
y el fruto se reinvente en semilla
de futuro,
el ser de espiga y paja será libre.

Insurrecto

Si me dejo crecer la barba,
vuelvo a fumar en pipa
y desempolvo mi boina calada,
con su estrellita roja…
¿qué dirán mis fantasmas?
Enfundado en mi vieja gabardina negra
y con el pañuelo de las causas perdidas,
sus raídos jirones,
¿habrá un sitio para mí?
El espejo acrecentó mis ojeras,
y ando en los años del aciago descenso
a los miedos más arcaicos,
como y duermo solo,
le hablo al televisor
y, a veces, la madrugada me sorprende en el sofá,
en penumbra de sueño,
como a un moribundo abandonado.
En estas condiciones, parece aventurado
entregarse al instinto más rebelde,
no ser uno más, y sí uno menos.
Pero es que tengo el alma alerta
y la mirada de solsticio rojo.
Y la vida me parece más humana
desde este lado de la locura
que inventan para confundirnos,
aquellos que se dicen buenos.
Delirio sí, soberbio e insurrecto,
frente a la necedad de sus razones,
para poblar de eterna rebelión
mentes, cuerpos, calles, primaveras.

domingo, 12 de febrero de 2012

Enigma

Nunca te fuiste,
aunque ya no estés.
No hay ciudades definitivas,
como cantaba el poeta.
Detrás de este silencio, espeso
como un vaso de ginebra,
existe un mar y una noche
que no acaban,
y los versos carcomidos
de un epílogo viejo.
Su reflejo desgastado al filo
de una mirada.
Tú querías sentir,
y yo sentía que quería.
Así suceden las cosas,
y todo lo demás es invención
del alma,
un tributo a la soledad encubierta
de las horas más lentas.
No, nunca te fuiste,
y busco en mi memoria las palabras
que resuelvan el enigma.

jueves, 26 de enero de 2012

Proposiciones

Espera, no te marches aún,
He decidido que voy a ser
el hombre de tus días,
antes de que esta ciudad
y esta noche nos convierta
en piedra.
Llenaré tu vida de cenas para dos,
te leeré los versos de García Montero
que tanto me gustan,
y veremos en el sofá una de mis favoritas,
El amor en los tiempos del cólera.
Trataremos de llegar al final,
abrazados si quieres.
Prometo no dejarme ir
más allá de lo sensato…
Pero no te vayas todavía,
no hasta que se aclare este desorden
del tiempo y la distancia,
y el enigma truncado de tus labios
quede en mi beso por siempre.

sábado, 21 de enero de 2012

Piel

Frente a la ventana,
tus hombros desnudos
asidos a mis manos.
La lluvia hacía su trabajo,
reteniéndote.
Pero en tu silencio
supe que ya no volverías.
Y el tacto se volvió zozobra.
Lo malo de las despedidas
es el sabor a nada de los besos.
Las razones de la ausencia
se fraguan lentamente,
en inventario de palabras
no dichas.
Y hay un rastro de poros abiertos
que reclama ser religión desde
tu cuerpo,
ese enigma no resuelto de la adicción
a la piel.

viernes, 20 de enero de 2012

Como ellos

Ser como ellos.
Abrazar a los ídolos invasores y obtener su gracia,
domesticando la rabia de todos los siglos.
Tomar la palabra en nombre de mí mismo,
y olvidar a los que no tienen rostro ni alma.
Pensar como ellos.
Coleccionar sonrisas de espanto y hiel que disfracen
la mueca de la indignación.
Alimentar el odio contra la indigencia digna,
y reverenciar el cáliz de los poderosos.
Vivir como ellos.
Amar el arte que oculta las grietas de los monasterios,
despreciando la belleza indómita del suburbio.
Simplificar la vida en la ecuación tener para ser,
y morir sin haber atrapado un solo sueño.

viernes, 6 de enero de 2012

Raíces

Duermen los niños. Sus ilusiones vencidas por el sueño frágil,
a la espera de un amanecer envuelto en celofán y deseos.
Mi hijo duerme también, en algún lugar tras el mar,
su corazón pequeño, agitado y poderoso.
La soledad se siente más turbia a miles de kilómetros de ti,
guerrero indómito de tu propia fábula.
No hay espacio que no llene este silencio en que no estás,
ni espera que lo apacigüe.
Corre, vuela, mestizo de alma transparente,
abraza la tierra fértil que un día germinó en ti.
Niño de viento y luz, dos mundos te contemplan
y creces a la vera de ambos, sorbiendo a tragos la vida
que te espera.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Absolución

Bebíamos para no quedarnos sin palabras en el teatro de las horas,
y la tarde oscurecía el camino de vuelta a casa.
A los veinte años, uno no sabe de retiradas a tiempo ni de honor
en la derrota, aunque centímetros de distancia a unos labios
supongan una travesía infinita, un océano insalvable.
Cuando mi manos comenzaron el ritual de caricias en su pelo, tímidas aún,
ella bajó la mirada y sentí que lo había perdido todo, cayó la noche
entre los dos, mi deseo y sus dudas resueltas al fin en un gesto.
Y el tacto indefinido perduró para siempre. Mutilados sueños.
Volví a verla años después, hermosa e inquietante aún,
pero ya la había asesinado en delirios de tantas madrugadas
y apenas era una sombra imprecisa. Esa fue la última vez,
y en el breve encuentro, cordial y sin atajos al pasado,
obtuve mi exiguo triunfo sobre su nombre.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Cicatrices

Me dijo, traza un mapa del deseo, mostrándome las aristas  
de su cuerpo desnudo, y yo, que siempre hice de la vehemencia
razón para delimitar belleza, me detuve en la cicatriz de su vientre,
que marcaba un rastro firme al edén de su entrepierna.
Nunca supe por qué elegí ese trozo de piel imperfecta, breve y rotunda,
frente al paisaje de carne tersa que mi amante me entregaba.
Acaso era el delirio de un sueño en ciernes en el bucle de mi sed,
o la imperfección de mi amor descubierto al fin demasiado tarde.
Pero aquél día comprendí que lo más hermoso suele ser lo que menos amamos,
y que el último vestigio de una entrega cierta son las cicatrices.









jueves, 3 de noviembre de 2011

Isla

Hace siete años que llegué a Ítaca,
huyendo de un fracaso remoto y de mí mismo.
No hubo tormenta, todo estaba arrasado desde que olvidé mi nombre,
el sol ocultaba lo que no quise ver entonces,
un cuerpo delgado y ojeroso que huía del otoño,
arribando a una tierra nunca prometida.
Así, abrazado al exilio, trascurrió todo lo que había de ser, sin más norte
que el hijo amado, el amor en zozobra y una ventana al mar,
desde la que sumaba horas de quietud y vana gloria.
Rey sin trono en castillo de naipes, muerto de soledad
y de noche yerma.

viernes, 14 de octubre de 2011

Retrospección

Hubo un tiempo para escribir poemas, así los llamaba,
que ahogaban los síntomas de un amor rebelde
al que siguieron otros, tan etéreos como vanos.
Quizá sólo fueron palabras amontonadas en basto papel,
impronta de las vigilias a media luz, leves retazos vitales.
Escribía, por ejemplo, sobre el enigma de los pechos de Naiara,
que no me quiso ni un poco,
y del pelo negro de María Eugenia, que me abrió las puertas
del deseo para dejarme a tientas con su reflejo.
La mirada azulada y gris de Raquel, que llegó a ser canción,
aunque el tiempo no haya conservado de ella más que despedidas
en aeropuertos y bares.
La sensualidad de Gabriela, y su acento argentino taladrándome
en la penumbra del Marx Madera, mi refugio de esos días.
Las noches vertiginosas con Yolanda, en las que bebíamos vino barato,
amargo como los besos despiadados.
Sara y su insultante juventud, que despertaba toda mi ternura,
hasta que comprendí que su fragilidad era la mía.
Sí, me veo ahora, veinte años atrás, en cualquier vagón de metro,
tomando notas en una libreta que siempre llevaba conmigo,
palabras de eterno amor a desconocidas compañeras de viaje,
y tinta roja para el rencor de los adioses.
Al final, todo se resume en otros versos, incontestables
y mucho mejores que los míos,
que tomo prestados de los Epigramas de Ernesto Cardenal,
para definir el eterno idilio entre el olvido y la memoria:
“Tú pudiste inspirar mejor poesía”.

viernes, 7 de octubre de 2011

Diatriba de las horas

Me he dado cuenta de que vivo en esos días difíciles 
en los que nada espero de afuera,
si acaso la destrucción masiva que me salve,
condenando al olvido mi nombre y su memoria.
Ya no habito este cuerpo que se esconde en un sofá 
cada turbia mañana,
en el mejor de los casos lector ocioso y empedernido,
otras veces sombra agazapada e inerme, hacedor de sueños
de vértigo, mientras partículas de polvo trascurren a la deriva
del tiempo, casi compañeras en el silencio perfecto de las horas.
Sí, ya estoy fuera de aquí, proyecté mis deseos en la inexistencia
y comprendo el valor de la moneda que cobraba Caronte
a las almas que cruzaban el Estigia, camino de la aflicción:
siempre fue mejor saber que esperar, la certeza de la flecha
a la incertidumbre del veneno lento.
Ahora guío en sueños a mis asesinos hacia nuestra muerte,
y el bufón dormido ya no quiere ser tu rey.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Cancionero 1


ALICIA EN WONDERLAND (abril 1995)
¡No! Gritó el hombre de lata,
pero Alicia se largó
y solo le dejó...
con una tetera idiota
y un león cobarde y triste.
Tú fuiste la razón entre el sueño
y la ilusión.
Mil peligros y aventuras
despertaron el amor.
Me engañabas con un huevo, aunque
nunca me importó...
Yo rompía los espejos
para que no pudieras volver;
pero hoy me he despertado
y sólo me encontré...
una carta encima de la almohada
despidiéndote de mí.
Mi chatarra ya no te excitaba,
fuiste en busca del Príncipe Feliz.
Hoy hago solitarios
con los naipes capturados
de la guerra aquella
que gané para ti.
Alicia, maldita, menudo chasco,
vaya cuento que tenías.
Yo que me hice inoxidable por ti...
Y hoy hierve mi corazón ¡Vaya lata!




martes, 20 de septiembre de 2011

Inventario 3

Un tocadiscos, una hamaca colombiana, la madrugada, el placer de la lectura, pan en el congelador, siempre las máscaras, el ecuador de una vida, los días raros, un pelo desmesurado, una cuenta atrás, el rumor de un ventilador, ángulos muertos, la conjunción perfecta de la arena con el viento, un legado fantasmal, los lunes al sol, nada a la vista, incienso por quemar, escaramuzas de amor y silencio, paisajes exiliados, el letargo de un insecto moribundo, restos que no suman, la música de Vetusta Morla, un trozo de luna y la aguerrida plenitud de quien abraza al insomnio que se cierne como a su amante encarnizada.


viernes, 15 de julio de 2011

En la ciudad de los muertos

En una ciudad de muertos es fácil y necesario reconocerse como extraño. Basta con respirar su aire para darse cuenta de que uno ya no es de aquí, aunque las calles y los edificios, inmunes al paso del tiempo, se empeñen en decir otra cosa. Ni siquiera la luz del verano puede disimular los estragos causados por el desánimo colectivo de gente sumida en un letargo perpetuo, gente que cada día, en manadas de silencio y rabia, se dirige a representar su papel de comparsas con la fe ciega de las hormigas. Decía Henry Miller, al comienzo de su novela Trópico de Capricornio, que una vez que has entregado el alma, lo demás sigue con absoluta certeza, incluso en pleno caos. Madrid, como todas las grandes ciudades que nunca zanjaron cuentas con su historia, es el reflejo inevitable de una metrópolis antagónica que se desangra lentamente a ritmo de promesas olímpicas e inauguraciones de ruinas.
Madrid huele a viejo, a derecha rancia, a tristeza y a somnolencia. A mendicidad y opulencia, a esto es tuyo y esto es mío, todo mío. A Santa Inquisición y a resignación cristiana. A prisas y empujones, a dictados del reloj, a subsidios y desahucios, a soberbia, a rascacielos y chabolismo, a centros de finanzas y supermercados de la droga. Huele a fin de mes y antidepresivos, a menú del día y a oferta en rayos-uva.
Por sus calles deambulan en perfecta sincronía batallones de blancos ofendidos, negros de mirada interrogante y chinos que nunca sonríen. Jóvenes sin esperanza y viejos murmurando soledades. Perros falderos y palomas temerosas. Y sobre todo, el ruido, presente en cada zanja, en cada semáforo, en cada estación de metro.
No soy de ninguna parte, nunca he sentido más patria que una causa justa, unos ojos de fuego o un cuerpo amante. Uno siempre vuelve a los sitios en que forjó su historia, esperando encontrar las respuestas que asolan de insomnio tantas noches. A Madrid no le debo más que el abrazo de una soledad consciente y el instinto de búsqueda de mi camino, lejos de su decadente magnetismo. Nuestra hostilidad es mutua, no hay nada que reprochar. Seguid bailando el chotis de las despedidas, honrando con flores y placas a los caídos por Dios y por España, llevando en procesión a vuestros ídolos de escayola, venerando dinosaurios de un pasado de oscuridad, negando vuestra sangre árabe, persiguiendo a los impuros. Al final, todas las leyendas son sepultadas por el mar cuando su gloria no alimenta sino la necedad.